miércoles, 21 de marzo de 2012

Mi falsa esperanza.

Siempre el mismo amontonamiento de gente a la hora de salir de la escuela, mi idea era fija. Salí a varios pasos detrás de él y cuando se iba a despedir de sus amigos aumenté la velocidad en mis pasos llegando a mi objetivo. Lo agarré del brazo fuertemente, sintiendo y sabiendo que ese era nuestro primer contacto físico en todas las semanas que ya pasaron del colegio. "Salí" fué su respuesta a lo que yo con temor y desesperación contesté: "No podes ser así, tenemos que hablar" con lagrimas en los ojos vi como se iba con sus amigos. Giré y empecé a caminar para el otro lado contrario hasta que me quedé parada en un mismo lugar, quieta y pensante. Corrí como nunca antes lo había hecho. Corrí rápido nada mas y nada menos que para alcanzarlo. Me paré enfrente de el y el solo quería evitarme. Y simplemente le dije: "Tan difícil es escucharme? No necesito que me digas ya que tus palabras son falsas como siempre lo fueron. Dame 5 minutos para explicarte algunas cosas, malentendidos y la verdadera historia".
Me ardían los ojos, no lloraba por orgullo (el cual estaba tirando a la basura).
15 minutos hablándole, mirando sus ojos y tratando de explicarle la razón de mi interés hacía la charla que estábamos manteniendo. Terminé con un: "Eso era todo, me voy. Tengo la consciencia tranquila de que dije todo lo que tenía que decir". Se paró de el suelo, me miró con esos ojos tan hermosos y brillantes y me dijo: "Te entiendo y... tenes razón en todo. No pienses que nunca te amé porque esas palabras nunca fueron falsas." Me abrazó y fue el fin de mis días oscuros. De ahí en adelante compartimos amigos, compartimos el curso y hicimos lo que teníamos que hacer: madurar y pensar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario