"El perdón comienza donde termina la culpa"
El otro día observé a dos niños que discutían sobre cosas insignificantes, como generalmente lo hacemos. El diálogo era más o menos el siguiente:
-Eres un estúpido!-
-No tan estúpido como tú!-
-Ah..¿Si? Eso es lo que crees-
Después de terminar la discusión, siguieron caminos separados. Cuando regresé al lugar no más de diez minutos más tarde, estaban jugando juntos otra vez y se habían olvidado de todo. Nada de reproches, ni egos heridos, ni culpas, ni rastros del pasado. Ya había terminado todo, fue simplemente un intercambio breve y honesto de enojos, seguido de un tiempo para enfriarse, que inclusive fue más corto, y ya habían olvidado todo.
Sin duda, los niños perdonan mucho más que los adultos. En algún momento del proceso de crecimiento nos convertimos en expertos en guardar rencores, acunar egos frágiles y no perdonar. Desarrollamos recuerdos filosos como una navaja de errores del pasado y lso vamos acumulando para luego utilizarlos como municiones. Nos convertimos en discutidores habilidosos con un sentido inconmovible de lo que está bien. Nos proponemos ganar cada batalla y, si no lo hacemos, comenzamos de inmediato a preparar la venganza.
El perdón solo llega cuando podemos identificarnos con los demás y admitir nuestra propia imperfección y la misma capacidad para hacer el mal.
Uno perdona según el grado con que ama.
El otro día observé a dos niños que discutían sobre cosas insignificantes, como generalmente lo hacemos. El diálogo era más o menos el siguiente:
-Eres un estúpido!-
-No tan estúpido como tú!-
-Ah..¿Si? Eso es lo que crees-
Después de terminar la discusión, siguieron caminos separados. Cuando regresé al lugar no más de diez minutos más tarde, estaban jugando juntos otra vez y se habían olvidado de todo. Nada de reproches, ni egos heridos, ni culpas, ni rastros del pasado. Ya había terminado todo, fue simplemente un intercambio breve y honesto de enojos, seguido de un tiempo para enfriarse, que inclusive fue más corto, y ya habían olvidado todo.
Sin duda, los niños perdonan mucho más que los adultos. En algún momento del proceso de crecimiento nos convertimos en expertos en guardar rencores, acunar egos frágiles y no perdonar. Desarrollamos recuerdos filosos como una navaja de errores del pasado y lso vamos acumulando para luego utilizarlos como municiones. Nos convertimos en discutidores habilidosos con un sentido inconmovible de lo que está bien. Nos proponemos ganar cada batalla y, si no lo hacemos, comenzamos de inmediato a preparar la venganza.
El perdón solo llega cuando podemos identificarnos con los demás y admitir nuestra propia imperfección y la misma capacidad para hacer el mal.
Uno perdona según el grado con que ama.
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